Si la idea que nos ronda en la cabeza, es conocer la Praga monumental y cultural, nos sobrarán opciones. Para empezar el día podemos elegir entre los muchos  de los  museos que existen en Praga, entre los que podemos destacar el Lapidarium, con una creación de estatuas bohemias, hechas en piedra, el Museo Nacional con colecciones de prehistoria y paleontología bohemia, eL Museo Checo de Bellas Artes que cuenta con exposiciones temporales del siglo XX, el Museo de Cera de Praga o el Museo del juguete, por citar algunos.

Si después nos decidimos por visitar su bella ciudad y su arquitectura, lo primero que elegiremos sera la zona Hradcany, donde nuestra primera visita será al  Castillo de Praga, uno de los monumentos que más caracterizan a Praga, construido primeramente como fortaleza, sufrió grandes modificaciones en el siglo XV y tiempo después fue reconstruido al estilo gótico. Ampliado con la Catedral de San Vito, que es uno de los monumentos con más carga histórica de toda Praga, construida en diferentes estilos góticos.

Después   nos dirigiremos a la Plaza de Mala Strana, donde la mayoría de sus edificios son  de estilo barroco, podemos visitar el Palacio de Lichtenstein, que es la sede del Conservatorio de Música de la Escuela de Arte Dramático, cuenta con una galería de arte y dos salas de conciertos.

Después de nuestras visitas, será hora de descansar y degustar la gastronomía de Praga. En Mala Strana  la comida es muy buena y de calidad, aunque resulta cara, en cambio en la zona de Nove Mesto, esta ofrece tantos resaturantes de comida checa, como internacionales y cafés donde podremos tomar el desayuno típico  de Praga, el snidane, a base de huevos, jamón, queso y café.

En cualquier restaurante checo de la zona de Nove Mesto podremos comer un Goulash, que es un estofado de carne  con  cebollas y especies,o una carne ahumada,  acompañados de choucroutte, que es la col fermentada, puesta de acompañamiento de los platos.

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